Durante estos días, nuestra comunidad educativa ha vivido una significativa experiencia formativa, invitando a los estudiantes a recorrer simbólicamente los momentos centrales del Triduo Pascual: el Cenáculo, la Cruz y el Sepulcro.
A través de este itinerario, cada estudiante ha podido detenerse, reflexionar y dialogar en torno a las experiencias humanas que estos signos representan: el servicio y la fragilidad, la entrega y el dolor, la esperanza y la vida nueva. Más que un recorrido, ha sido una invitación a mirar la propia vida a la luz del Evangelio.
En coherencia con nuestro lema 2026, “Es posible acoger y responder a la novedad que Dios nos ofrece”, esta experiencia ha buscado abrir espacios de interioridad y encuentro, donde cada uno pueda reconocer la presencia de Dios en lo cotidiano y disponerse a responder desde el amor, el servicio y la comunidad.
Como comunidad Compañía de María, seguimos generando instancias que integran fe y vida, fortaleciendo una formación que invita a nuestros estudiantes a ser protagonistas de su propio camino, con sentido, esperanza y compromiso.




