La celebración fue un espacio de gratitud y renovación, donde se destacó la vocación educativa como respuesta al llamado de Dios, en sintonía con el lema del año: “Es posible acoger y responder a la novedad que Dios nos ofrece”. En este contexto, se acogió especialmente a los nuevos educadores y a quienes asumen nuevos roles, confiándoles la misión de educar, acompañar y evangelizar desde el carisma de Santa Juana de Lestonnac.
Durante la Eucaristía, se vivieron signos significativos como la presentación de las ofrendas, la imposición de insignias —símbolo de identidad y pertenencia— y el envío de los educadores, reafirmando el compromiso de “cuidar la llama” en cada estudiante, tal como invita el modelo UNITAS.
La comunidad, reunida en un clima de fe y esperanza pascual, renovó así su compromiso de seguir siendo una casa de todos, que educa desde el encuentro, el cuidado y la transformación del mundo.




