Desde las primeras horas de la mañana, el patio central se transformó en un espacio de encuentro litúrgico donde cada curso recibió el pan y la uva como signo del amor compartido. En un ambiente de recogimiento, los cursos mayores visitaron a los más pequeños para compartir juntos este gesto simbólico, haciendo vida el mensaje de Jesús: “El que quiera ser el mayor, que se haga servidor de todos”.
Posteriormente, los educadores se reunieron en un momento especial de reflexión y oración titulado “Compartir el Pan, signo de Amor y Unidad”. A través del silencio, la escucha atenta y el diálogo fraterno, los participantes fueron invitados a contemplar el amor de Jesús “hasta el extremo” y a preguntarse cómo están hoy llamados a compartir su “pan” con los demás, entendido como tiempo, escucha, cuidado y servicio.
Esta jornada nos recuerda que el camino de la Pascua no se vive solo en los ritos, sino sobre todo en los gestos cotidianos de amor, entrega y cuidado mutuo. Como comunidad en Compañía de María, seguimos peregrinando con esperanza, llamados a amar al estilo de Jesús: con sencillez, humildad y generosidad.




